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    CÓMO LOS PROFESORES PUEDEN AYUDAR AL NIÑO QUE TARTAMUDEA

 

Más sobre Tartamudez

La mayoría de los casos de tartamudez comienza entre los 2 y los 4 años. Muchos de los problemas de fluidez (entre el 65 y el 85%) desaparecen espontáneamente, sin tratamiento, en los dos años posteriores a su aparición, pero entre el 20 y el 50 % de estos problemas iniciales pueden continuar hasta la edad adulta.


Por ello, cuando tengan algún alumno con problemas de fluidez en el habla o tartamudeo los profesores deben seguir estas recomendaciones: 
 
-Mantener el contacto ocular de manera natural al hablar con el niño, escuchándole con atención y mostrando interés por lo que dice, haciéndole ver que se le ha entendido.

-Cómo los padres pueden ayudar al niño que tartamudea

 

-Prestar más atención a lo que dice que a las faltas de fluidez, sin mostrar preocupación ni desaprobación cuando éstas se produzcan. Mantener una actitud tranquila ante sus tartamudeos.

-No es conveniente ayudarle recomendando algún recurso para no tartamudear, como “habla despacio”, “tranquilo” o “respira”…

-El profesor debe hablarle despacio. De esa manera, además de tranquilizarle, servirá de modelo para los demás alumnos.

-El profesor puede servirse de situaciones en las que es más probable que disminuyan los tartamudeos: Cuando se utilizan frases cortas, cuando se habla lentamente, cuando se está contando algo de memoria o representando un papel, cuando se recita o se canta…

-Cuando se le haga una pregunta al niño se le debe dar tiempo para contestar. Hay que esperar a que termine de hablar, sin mostrar impaciencia. No interrumpirle ni acabarle la frase.

 -El niño con problemas de fluidez debe participar en el aula como cualquier alumno, aunque se puede plantear algún tipo de adaptación en este aspecto:

-Por ejemplo, cuando se vaya preguntando sucesivamente a varios alumnos y se quiera hacer lo mismo con el niño con estas dificultades, se le debe preguntar de los primeros, para que no tenga que esperar ansiosamente que le llegue su turno.

-Evitar hacerle preguntas que supongan respuestas largas. 

 -También se le puede dar como buenas contestaciones cortas, a veces de una sola palabra. 

-A la hora de leer se le puede ayudar diciéndole: “sigue leyendo por donde pone….”. El hecho de que el alumno repita esas primeras palabras le suele servir de ayuda.

 -También se puede admitir un ritmo de lectura más lento, o que el niño le lea a un compañero. 

-Graduar la dificultad de sus intervenciones: por ejemplo, es más fácil para el niño con problemas de fluidez dirigirse a un grupo reducido de niños que a toda la clase, o contar algo que responder a preguntas. También es más fácil dar respuestas cortas o repetir lo que otro niño ha dicho.

-No se le debe forzar a hablar

-Para aumentar la seguridad y autoestima del alumno, el profesor deberá reforzar otros aspectos no lingüísticos.

 -No someterle a excesiva presión. En este sentido conviene prestar atención a evaluaciones, sistema disciplinario, etc.

-De vez en cuando, se debe buscar algún momento relajado, a lo largo de la jornada escolar, para hablar con el niño.

 -Abordar las burlas de los compañeros si se produjeran; es conveniente hablar a solas con el niño para que le quite importancia, así como con los que se mofan, a los que se le puede hacer reflexionar sobre las consecuencias de su actitud (ya que, en general, el castigo suele ser contraproducente).

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