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LA DIFERENCIA: RECONOCER AL OTRO SEXO |
Más sobre Sexualidad |
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Aceptar, reconocer y valorar, tanto el
propio sexo como el otro, es un proceso esencial para la
vivencia y la expresión de la sexualidad. Es importante que
niños y niñas aprendan a aceptar que hay dos sexos y a no
hacer de ello motivo de discriminación o de desigualdad. Saber que ningún sexo vale más que otro
Con frecuencia, a través de mensajes
sobre la sexualidad, en la infancia se reciben señales que
llevan a creer que un sexo vale más que otro. Algunos
ejemplos de estos mensajes son: |
-Los juegos amorosos entre niños |
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- Los que hacen creer que los niños
pueden hacer más cosas y mejor que las niñas: “Los niños
pueden hacer pis de pie y las niñas no”. - Los que hacen creer que en la reproducción los padres ponen lo más importante y las madres son sólo un recipiente: “Papá pone la semillita en mamá…” Todo esto lleva a que muchas niñas asocien el descubrimiento de su sexo con ser incompletas, con no tener pene y no poder orinar de pie. Se identifican, por tanto, en negativo: “Soy niña porque no soy niño”. Por el contrario, la visibilidad de los genitales masculinos y su sobrevaloración en nuestra tradición cultural, hace que muchos niños asocien su sexo con la potencia, la fuerza y el dominio, y no con la relación, el intercambio y la comunicación. Y esto es una gran limitación para el desarrollo afectivo y sexual de los niños. En nuestra cultura, a través de éstos y otros mensajes, las niñas siguen aprendiendo que son “el otro sexo”. Esto, aunque les lleva a representarse desde la subordinación, les hace ser perfectamente conscientes de la existencia del otro sexo y aprenden, no sólo a aceptarlo, a menudo también a reconocerlo y a valorarlo. Todo esto lleva también a que, con frecuencia, los niños construyan su sexualidad expresando el sentimiento de que ellos son el centro, el patrón, la medida. De esta manera, para ellos, la conciencia de la existencia del otro sexo se expresa considerándolo inferior, en lugar de reconocerlo y valorarlo. Es importante, por tanto, que el niño sepa que tener un pene no implica tener ningún tipo de privilegios y que se trata de algo natural que lo hace diferente, pero no superior a las niñas. Es necesario también que las niñas conozcan que ellas tienen genitales propios: una vulva con un clítoris, un meato y una vagina; y que sepan que esta diferencia no las hace ni mejor ni peor que los niños, y que tienen las mismas posibilidades de disfrute y de juego que ellos. Nombrar y mostrar la sexuación del cuerpo humano antes de que ellas y ellos muestren interés y curiosidad por este hecho es un modo de prevenir en las niñas el sentimiento de “ser menos o incompletas” o, al menos, de minimizarlo. Aprender del otro sexo En
el último siglo, las mujeres han encontrado los modos de
ocupar y modificar espacios que hasta hace bien poco estaban
vedados para ellas. De este modo, hoy en día, se pueden
observar mujeres participando en actividades muy diversas,
tanto dentro como fuera del ámbito doméstico, muchas de las
cuales han sido consideradas tradicionalmente “de hombres”.
Esto ha sido posible porque han dado valor, no sólo a su
propia experiencia y deseos, sino también a la experiencia
masculina.
LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA
INFANCIA |