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    LA AUTOEXPLORACIÓN

 

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Niños y niñas necesitan tocarse y mirarse para reconocer y comprender su cuerpo. La curiosidad y el interés que muestran por explorarlo, conocerlo y experimentar con él sensaciones agradables y placenteras, son exactamente eso y no otra cosa.

Cuando ellos y ellas empiezan a palpar y tocar todo lo que les rodea se topan con sus propias piernas, brazos, tronco o cabeza, descubren poco a poco su propio esquema corporal y aprenden a delimitar dónde empieza y acaba su propio cuerpo. Comprender los límites de su propio cuerpo es lo que les permite descubrir el mundo que les rodea. Desde ahí, necesitan tiempo para mirar y explorar el mundo a su manera.

Alrededor de los seis meses pueden discernir lo que permanece

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constante y lo que varía, y concluir que lo que permanece constante es su  cuerpo. Por eso les gusta tanto jugar al escondite en ese periodo, aprenden que las cosas (las otras cosas que no son su cuerpo) pueden desaparecer de la vista y volver a aparecer.
En la primera infancia, la autoexploración se extiende por igual a todo el cuerpo y tocarse sus genitales es sólo un modo más de descubrirlo y explorarlo. Aunque pronto descubren que acariciándolos sienten algo diferente que les produce placer.
No se trata de una práctica negativa o inapropiada para su edad y, por tanto, no hay que evitarla. Aunque tampoco se trata de estimularla. Cada niña y cada niño irán descubriendo sus modos y ritmos. Es un proceso natural y único en cada criatura.

A veces querrán compartir las sensaciones que esta práctica les produce. En ocasiones, cuando ya son un poco mayores, nombran esa sensación, diciendo, por ejemplo: “Mamá, qué cosquillas me hago (en la vulva) y qué rico es”. Esto no es problemático y es signo de que confían en sus educadores o educadoras, y que sienten seguridad en su propio cuerpo. Éste es un buen momento para explicarles que lo que sienten es normal, que le pasa a todo el mundo, y que se trata de una práctica íntima que las personas no la hacen en público.
Asociar este placer con suciedad o con algo negativo crea un conflicto difícil de resolver, ya que probablemente no dejarán de autoexplorarse, pero lo harán a escondidas y con culpa. Y, de este modo, es difícil que vivan su cuerpo sanamente y con placer. Sin embargo, si se les da libertad y no reciben represalias por estar haciendo algo “sucio”, tendrán la oportunidad de ir descubriendo qué les gusta y qué no les gusta en relación al contacto corporal.

Algunas criaturas se tocan mucho. A veces, usan esta práctica para aislarse de las demás personas (como el balanceo u otras); no hay que banalizar este hecho, pero tampoco dramatizarlo. En estas situaciones es importante, más que centrar nuestra atención en cómo se tocan, interesarnos por el niño o la niña y abrirles nuevos horizontes: actividades, juegos, entretenimiento; evitando la monotonía y el aburrimiento.
Otras veces, al tocarse con mucha fuerza, pueden hacerse daño. Cuando esto ocurre, la necesidad de cuidar su salud suele ir acompañado de desconcierto para la educadora o el educador porque no resulta fácil ni siempre posible tratar de superar los mitos y el ocultismo relacionados con el autoplacer y, a la vez, afrontar algunas de sus consecuencias negativas.
La angustia que todo esto supone puede dar lugar a mensajes contradictorios tales como “puedes tocarte la vulva todo lo que quieras, pero tienes que tener cuidado de no tocarte mucho”. Aunque siempre se puede cambiar la segunda parte de este mensaje diciendo “… pero tienes que tener cuidado con no hacerte daño”.
En ocasiones, en cambio, las criaturas apenas se tocan los genitales. Esto tampoco es problemático, ya irán descubriendo su cuerpo y su placer. No hay que precipitar nada.

LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA
Guía para madres, padres y profesorado de Educación Infantil
© 2003 Secretaría General de Educación y Formación Profesional
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SECRETARÍA GENERAL DE EDUCACIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL

 

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