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LOS JUEGOS AMOROSOS ENTRE NIÑOS |
Más sobre Sexualidad |
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Los juegos amorosos con otros niños o
niñas suelen tener el objetivo de pasarlo bien y de imitar
lo que creen que hacen las personas mayores, no tienen un
sentido erótico tal y como lo entendemos los y las adultas. La atracción hacia otras personas es más afectiva que sexual. Las criaturas no distinguen afecto de sexualidad. En la infancia, la sexualidad no está muy diferenciada de otro tipo de sentimientos como el placer, el bienestar y la seguridad. Hay placer, pero no atracción, ni deseo erótico, ni fantasía, ni orientación sexual. No obstante, en estas edades aprenden a distinguir lo que es una simple amistad de lo que es un noviazgo y empiezan a crear sus primeros vínculos “amorosos”. Eligen a sus novios o novias y hacen listas de sus “amores” en las que también aparecen figuras de su mismo sexo. A veces, estos vínculos no son sólo un juego, sino fruto de un enamoramiento real y profundo. |
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A menudo, les cuesta entender que
la relación es cosa de dos y que no basta elegir a alguien
para que ya exista una pareja. Saber que hay que tener en
cuenta el deseo del otro o de la otra, y a superar las
frustraciones que una negativa puede suponer es uno de los
aprendizajes más difíciles y necesarios para el desarrollo
de una afectividad sana. Con dos o tres años, en ocasiones se relacionan con “contactos especiales”, besan y acarician a un niño o una niña que consideran especial. A veces, buscan espacios de soledad para vivir esta experiencia con intimidad; por ejemplo, se encierran en una casita o se ponen debajo de una mesa camilla. A esa edad, los “descubrimientos sexuales” tienen la misma carga que cualquier otro juego. Es habitual, por ejemplo, que una niña toque el pene de un niño para comprobar que efectivamente “se pone gordo” y, tras hacer esta comprobación, siga jugando a cualquier otra cosa con tranquilidad. Es importante que se toquen y se miren de la manera que lo hacen porque en ella no hay connotación negativa. Es necesario tomar muy en serio todos los sentimientos que este tipo de vínculos les producen, que los respetemos y no los ridiculicemos cuando los expresan. No les gusta que nadie se ría de sus manifestaciones de afecto, ni que se elucubre sobre sus posibles parejas. Cuando lo que reciben son sólo risas o censuras, es fácil que, ya con cuatro o cinco años, hayan aprendido que cualquier tipo de manifestación afectiva que implique “ser pareja” (besos, caricias especiales, tocarse, etc.) supone algo prohibido, o que es mejor no hablar de estos temas con los y las mayores. Aunque sus prácticas suelen ser muy inocentes, es común que terminen haciéndolas a escondidas; no tanto para preservar su intimidad, sino para no hacer “enfadar” a las personas adultas. Esa diferencia de matiz se nota por sus risas, por no querer contar lo que estaban haciendo y porque son prácticas que destierran de sus juegos simbólicos cuando hay personas adultas acompañándoles. Asimismo, se puede observar que en sus juegos simbólicos, algunos niños reproducen el lenguaje de la violencia para dominar a “su pareja”, probablemente porque imitan lo que han visto en casa o en algún contexto más o menos próximo. Cuando esto ocurre, no es positivo tapar este tipo de cuestiones tachándolas como simples “cosas de niños”. Es importante hablar con ellos, preguntarles en qué consisten sus juegos y por qué actúan de un modo u otro, y escuchar con atención lo que nos dicen, darles a conocer modelos de parejas donde no existe el dominio o la discriminación y que son felices, hablar sobre el amor y las parejas, etc.
LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA
INFANCIA
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