Enuresis Rabietas Divorcio Acoso Escolar (Bullying) Comidas Sueño
Timidez Mal comportamiento Autoestima Disciplina Sexualidad Celos
Dificultades de Lectoescritura Límites Conflictos Miedos 2 3 4 5 6 7 8 9

    SIN CONSECUENCIAS NO HAY LÍMITES

 

Más sobre Límites

No es posible educar sin aplicar consecuencias. Tanto buenas como malas consecuencias.
 
Un límite es una norma expresada en palabras: ‘Puedes hacer esto, pero no esto otro…’
 
Pero es normal y hasta bueno que los niños cuestionen los límites, se acerquen a ellos y los sobrepasen. Así son los niños pequeños.
 
Los limites físicos también existen y los niños los cuestionan igualmente. Pero saltarse los límites físicos lleva aparejado consecuencias naturales (Si corro muy rápido y sin cuidado, tropiezo y me caigo, si toco el fuego me quemo, etc.).

-Como poner límites firmes a los niños

-Tres Técnicas para poner límites

-Imponerse por la fuerza: cuando no queda otro recurso

 

Lo mismo ocurre con los límites educativos. Si se saltan hay que aplicar consecuencias. Eso es educar. Si se saltan y no se aplican consecuencias, lo que se aprende es a saltarse los límites. Eso es malcriar.
 
Cuando aplicamos consecuencias educativas de una manera coherente y sistemática los niños aprenden que cumplimos lo que decimos, se portan mejor y colaboran.
 
Si, por el contrario, nos mostramos débiles y no aplicamos las consecuencias, los niños se arriesgarán a saltarse los límites e intentarán que no les vuelva a pasar nada.
 
¿Qué clases de consecuencias hay?
Ya hemos visto que son de dos tipos: naturales y lógicas
¡Cómo aplicar consecuencias?
- La consecuencia hay que aplicarla de manera inmediata a la conducta inadecuada o al incumplimiento de la norma. Es la mejor manera de que se asocien conducta y consecuencia.
 
- La consecuencia hay que aplicarla sistemáticamente, es decir, en todas las ocasiones. No se trata de ser más blandos o más duros según el estado de humor que se tenga en ese momento.
 
- La consecuencia hay que aplicarla con respeto. Es decir, manteniendo la calma, sin criticar ni humillar al niño. La consecuencia no va contra el niño sino contra su conducta, que queremos y creemos que puede mejorar.

- La duración de la consecuencia no debe ser larga. No es necesario mandar a un niño de 5 años a su habitación media hora. Es igual, o más efectivo hacerlo durante 5 minutos.
 
- Una vez aplicada la consecuencia, hacer borrón y cuenta nueva. Así trasmitimos al niño que confiamos en él.

 

Suscripción al Boletín Gratuito