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¿Qué podemos hacer como padres para
educar las emociones de nuestros hijos? Estas orientaciones van dirigidas a
ello:
-Fijarse en las emociones de los niños, pensar qué estarán sintiendo,
“ponernos en su pellejo” (cosas insignificantes para nosotros pueden ser
terribles para ellos), ser concientes de sus sentimientos, no solo de los
negativos, también cuándo se sienten felices, orgullosos, etc.
-Identificar y ser conscientes de nuestras propias emociones y del modo como
las enfrentamos, nos ayudará a entender mejor las emociones de nuestros
hijos.
-Los adultos son modelos para los niños aunque no lo quieran. El niño
aprenderá de sus padres a enfrentar sus emociones a partir de la
observación. Si enfrentamos nuestras propias emociones adecuadamente,
estaremos dando un buen ejemplo.
-Fijarnos en cómo juega el niño, qué dice a sus muñecos/as, etc., nos puede
indicar lo que está sintiendo, lo que le preocupa, de qué se siente
contento, etc.
-También las pesadillas ofrecen una oportunidad de observar sus
preocupaciones, miedos, etc. Hay que calmar al niño después de una pesadilla
y hacerle ver que lo que ha ocurrido no es real, pero a la vez podemos
aprender más de nuestro hijo.
-Enseñarle a expresar sus emociones a través de las palabras, enseñándole
los términos adecuados a sus sentimientos (“temeroso”, “contento”,
“preocupado”, “relajado”, “envidioso”, etc.)
-Ante las emociones de los niños la mejor respuesta es darnos cuenta e
intentar entenderlas. Negarlas (quitarle importancia) o evitarlas (distraer
al niño o compensarle para que deje de sentirlas) suele ser
contraproducente.
-Ver las emociones como una oportunidad de entrar en contacto afectivo con
los niños, de entenderlos y luego poder enseñarles, en vez de ver la emoción
como un conflicto o un problema.
-Dar respuestas a las emociones antes de que se salgan fuera de control.
Hablar de las emociones antes de que estallen puede enseñar al niño a
enfrentar momentos de crisis, como podría ser el caso de las rabietas.
-Animar a los niños a hablar de sus emociones, qué sienten y cómo se
encuentran. Hay que ayudarles a expresar sus emociones a través de las
palabras.
-Mostrarnos pacientes y cariñosos ante sus emociones, escuchándoles e
intentando entenderles es el primer paso para intentar ayudarles y
educarles.
-Cuando escuchamos atentamente la expresión emocional de un niño le estamos
enviando el mensaje de que sus emociones nos importan.
-Además de las palabras debemos fijarnos en otras señales como el lenguaje
no verbal o lenguaje corporal, el tono de voz, etc.
-A la hora de afrontar situaciones que crean malestar y emociones negativas
hay que ayudarles a pensar en soluciones y a que sean ellos los que expresen
sus propias ideas y soluciones.
-Es bueno enseñar a los niños a nombrar sus emociones. Por ejemplo, si un
niño está llorando se le puede decir “Estás triste, ¿verdad?”, o si está
enrabietado el comentar: “Ya veo que estás muy enfadado”, le ayudará a
entender mejor sus emociones, al tiempo que se da cuenta que entendemos lo
que le pasa.
-También es importante el enseñar a identificar las diferentes emociones.
Para ello se puede jugar con marionetas, con muñecos, o simplemente
pintándose los dedos con diferentes caras (triste, enfadado, alegre…) y
haciendo que esos “personajes” hablen y cuenten sus sentimientos.
-Hay que hacerle ver al niño la diferencia entre los sentimientos y el
comportamiento. Un niño que siente celos de su hermano pequeño intenta
superar su frustración pegándole. Podemos aceptar el sentimiento del niño y
a la vez no aceptar su manera de comportarse.
-En esos momentos, ayudaremos al niño si ponemos un nombre a ese sentimiento
y hacemos entender al niño sus emociones, pero también le decimos que no es
adecuado su comportamiento y que no lo vamos a tolerar, y por último le
ayudamos a buscar una solución más adecuada al problema o conflicto con el
que se encuentra.
A modo de ejemplo, le podríamos decir:
“Tu hermano te ha insultado y por eso te has enfadado. A mí me pasaría lo
mismo si me insultaran. Pero no creo que hayas solucionado nada habiéndole
pegado. ¿cómo podrías actuar en otra situación parecida?”
El mensaje que le transmitimos de esta manera sería:
-Me importa cómo te sientes
-Sé como te sientes (empatía)
-Tu puedes buscar una manera mejor de comportarte.
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