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    AYUDAR AL NIÑO A ENTENDER Y MANEJAR SUS EMOCIONES

 

Más sobre Inteligencia Emocional

Las emociones ocupan gran parte de nuestra vida y son la causa más importante de felicidad o infelicidad.

Como padres podemos y debemos educar las emociones. Todos pensamos que un niño debe aprender a montar en bicicleta, comer con cubiertos y aprender a escribir, y que los padres debemos ayudarles en esos aprendizajes. Pero tan importante como esas habilidades está la capacidad de autocontrolar la ira, reflexionar antes de actuar, saber si estamos tristes y por qué.

Entender y controlar las emociones es parte muy importante de la llamada inteligencia emocional. Y hoy sabemos que los niños que controlan sus emociones son más felices y se adaptan mejor a la escuela.

-La vergüenza como recurso educativo

-Decálogo para enseñar el autocontrol emocional

-Enseñar al niño a afrontar las dificultades

¿Qué podemos hacer como padres para educar las emociones de nuestros hijos? Estas orientaciones van dirigidas a ello:

-Fijarse en las emociones de los niños, pensar qué estarán sintiendo, “ponernos en su pellejo” (cosas insignificantes para nosotros pueden ser terribles para ellos), ser concientes de sus sentimientos, no solo de los negativos, también cuándo se sienten felices, orgullosos, etc.

-Identificar y ser conscientes de nuestras propias emociones y del modo como las enfrentamos, nos ayudará a entender mejor las emociones de nuestros hijos.

-Los adultos son modelos para los niños aunque no lo quieran. El niño aprenderá de sus padres a enfrentar sus emociones a partir de la observación. Si enfrentamos nuestras propias emociones adecuadamente, estaremos dando un buen ejemplo.

-Fijarnos en cómo juega el niño, qué dice a sus muñecos/as, etc., nos puede indicar lo que está sintiendo, lo que le preocupa, de qué se siente contento, etc.

-También las pesadillas ofrecen una oportunidad de observar sus preocupaciones, miedos, etc. Hay que calmar al niño después de una pesadilla y hacerle ver que lo que ha ocurrido no es real, pero a la vez podemos aprender más de nuestro hijo.
 
-Enseñarle a expresar sus emociones a través de las palabras, enseñándole los términos adecuados a sus sentimientos (“temeroso”, “contento”, “preocupado”, “relajado”, “envidioso”, etc.)

-Ante las emociones de los niños la mejor respuesta es darnos cuenta e intentar entenderlas. Negarlas (quitarle importancia) o evitarlas (distraer al niño o compensarle para que deje de sentirlas) suele ser contraproducente.

-Ver las emociones como una oportunidad de entrar en contacto afectivo con los niños, de entenderlos y luego poder enseñarles, en vez de ver la emoción como un conflicto o un problema.

-Dar respuestas a las emociones antes de que se salgan fuera de control. Hablar de las emociones antes de que estallen puede enseñar al niño a enfrentar momentos de crisis, como podría ser el caso de las rabietas.

-Animar a los niños a hablar de sus emociones, qué sienten y cómo se encuentran. Hay que ayudarles a expresar sus emociones a través de las palabras.
 
-Mostrarnos pacientes y cariñosos ante sus emociones, escuchándoles e intentando entenderles es el primer paso para intentar ayudarles y educarles.

-Cuando escuchamos atentamente la expresión emocional de un niño le estamos enviando el mensaje de que sus emociones nos importan.

-Además de las palabras debemos fijarnos en otras señales como el lenguaje no verbal o lenguaje corporal, el tono de voz, etc.

-A la hora de afrontar situaciones que crean malestar y emociones negativas hay que ayudarles a pensar en soluciones y a que sean ellos los que expresen sus propias ideas y soluciones.

-Es bueno enseñar a los niños a nombrar sus emociones. Por ejemplo, si un niño está llorando se le puede decir “Estás triste, ¿verdad?”, o si está enrabietado el comentar: “Ya veo que estás muy enfadado”, le ayudará a entender mejor sus emociones, al tiempo que se da cuenta que entendemos lo que le pasa.

-También es importante el enseñar a identificar las diferentes emociones. Para ello se puede jugar con marionetas, con muñecos, o simplemente pintándose los dedos con diferentes caras (triste, enfadado, alegre…) y haciendo que esos “personajes” hablen y cuenten sus sentimientos.

-Hay que hacerle ver al niño la diferencia entre los sentimientos y el comportamiento. Un niño que siente celos de su hermano pequeño intenta superar su frustración pegándole. Podemos aceptar el sentimiento del niño y a la vez no aceptar su manera de comportarse.

-En esos momentos, ayudaremos al niño si ponemos un nombre a ese sentimiento y hacemos entender al niño sus emociones, pero también le decimos que no es adecuado su comportamiento y que no lo vamos a tolerar, y por último le ayudamos a buscar una solución más adecuada al problema o conflicto con el que se encuentra.

A modo de ejemplo, le podríamos decir:
 
 “Tu hermano te ha insultado y por eso te has enfadado. A mí me pasaría lo mismo si me insultaran. Pero no creo que hayas solucionado nada habiéndole pegado. ¿cómo podrías actuar en otra situación parecida?”

El mensaje que le transmitimos de esta manera sería:

-Me importa cómo te sientes
-Sé como te sientes (empatía)
-Tu puedes buscar una manera mejor de comportarte.

 

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