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    EL NIÑO CON BAJA AUTOESTIMA

 

Más sobre Autoestima

La autoestima de los niños se ve afectada por las etiquetas que muchas veces los propios adultos le han colgado. En este caso nos referimos del niño etiquetado o encasillado en un defecto o rasgo de carácter negativo: “es un vago”,  “es muy desordenado”, “es mentiroso”, “es contestón”, etc.
Se sabe lo negativo que puede resultar para un niño que se le marque o se le defina con cualquiera de estas etiquetas. Se habla de la “profecía autocumplida” para referirse a este fenómeno: la misma etiqueta hace que el niño se comporte de esa manera.
El mecanismo que puede hacer que funcione la etiqueta podría ser: “si todos están de acuerdo en que soy (vago, desordenado…) es que debo serlo, entonces es lógico que me comporte así…”
Sacar a un niño de este círculo vicioso no es fácil, se necesita trazar un plan a propósito.

 

 

 

 Estas orientaciones pueden servir a los padres en sus intentos por ayudar al niño:

1- Siempre que se pueda, hay que devolverle una nueva visión de sí mismo.
Vamos a poner el ejemplo del niño al que se tacha de “desordenado”. En este caso se trataría de darle mensajes del tipo:
 “Qué bien ordenados tienes los cromos, hacen un montón perfecto”
Esta estrategia es parecida a cuando ignoramos la conducta incorrecta e intentamos “pillar” al niño portándose bien para prestarle atención.

2- Darle la oportunidad de mostrar el comportamiento contrario y/o correcto.
“Me acaban de llamar para que salga rápidamente y no me da tiempo a recoger la caja de herramientas. ¿Te importaría guardar las cosas dentro de la caja y dejarla en la estantería? Gracias.”
Le estamos dando el mensaje: ‘tú puedes y yo confío en que lo hagas, para mí no eres un caso perdido’. Además le damos la oportunidad de agradecerle el favor y premiarle su buena conducta.

 3- Alabar su conducta a alguien estando él presente.
“Es un experto en cómics. Los tiene todos ordenados por colecciones y te localiza uno en menos que canta un gallo”.
Al comprobar el niño cómo valoramos ese comportamiento, que hasta lo comentamos con otras personas, se motivará a continuar en esa línea.

4- Mostrarle la conducta adecuada.
“Siempre que tengo que ordenar esta estantería me parece aburrido y me cuesta muchísimo. Esta vez voy a utilizar la estrategia de ordenar una fila de estantes cada día; en una semana estará lista”.
Aquí nos ponemos en su piel, expresando la dificultad que supone el ordenar algo, y además le ofrecemos una alternativa que puede ayudarnos a conseguirlo.

 5- Recordarle experiencias pasadas en que mostró el comportamiento correcto.
“Aquel álbum de cromos lo completaste del todo. Recuerdo que apenas te tuve que ayudar a pegar cada cromo en su sitio.”
Se intenta contrarrestar la etiqueta, ofreciéndole mensajes parecidos a los de la estrategia número dos.

 6- Mostrarle nuestra desaprobación y decirle cómo actuar cuando se comporte inadecuadamente.
“No me gusta como han quedado las piezas del puzzle todas desparramadas. Cuando las hayas recogido ya puedes encender la televisión”.
El objetivo final es que sea capaz de ordenar las cosas sin recordárselo. De momento, viene bien ayudarle con instrucciones previas.

Bibliografía:
FABER, ADELE y MAZLISH, ELAINE:COMO HABLAR PARA QUE SUS HIJOS LE ESCUCHEN Y COMO ESCUCHAR PARA QUE SUS HIJOS LE HABLEN   COMPRAR ESTE LIBRO

 

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